Andreu Orientador

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Episodio 8 · · 00:15:17

E8. Encontrar tu primer empleo.

¿Cómo destacar cuando acabas de titularte y tu currículum se parece al de otros candidatos? Explico qué pueden aportar las prácticas, el voluntariado o un primer trabajo a tu desarrollo profesional, siempre en condiciones dignas. Ideas para reconocer las competencias que has adquirido y mostrar con ejemplos que sabes asumir responsabilidades y aportar valor.

Transcripción

Hola, soy Andreu Sánchez, andreu orientador, andreu de Mallorca. Bienvenido a

El mejor en lo tuyo.

Un podcast sobre orientación profesional, desarrollo de carrera y autoconocimiento. Un espacio para descubrir aquello que se te da bien y convertirlo en una carrera con sentido para ti.

Aquí encontrarás ideas y herramientas para explorar, aprender, tomar decisiones y construir —o reinventar— tu camino profesional.

Estudiar es difícil. estudiar es duro. Adquirir conocimientos durante meses y años sin llegar a ponerlos en práctica en la vida real y SIN ver la recompensa INMEDIATA por el esfuerzo es duro. All final lo consigues!Aquí tengo mi título! Contrátenme! Vais a ver de lo que soy capaz!

Y ahí te encuentras con el vacío. La indiferencia. Compitiendo con quienes tienen un currículum muy parecido al tuyo…

¿Como vas a conseguir el puesto al que aspiran otras decenas/ centenares de personas? Como vas a conseguir que ni siquiera pongan tu cv-pdf en la carpeta de los entrevistables?

Está difícil. Te falta algo para pasar por delante.

¿Qué te falta? Aquí te lo voy a explicar.

El título Certifica que has adquirido conocimientos sobre un área profesional. Sobre una materia. Sin embargo, una empresa también intentará averiguar otras cosas: si llegarás a tiempo, si sabrás escuchar, si podrás trabajar con personas que no has elegido, si mantendrás la calma ante un cliente enfadado o si serás capaz de reconocer un error y corregirlo.

El título es un Google Maps.

Te enseña el territorio, los caminos y el vocabulario de una profesión. Te permite saber hacia dónde quieres ir. Pero tener el Google Maps no demuestra que hayas conducido bajo la lluvia, que sepas reaccionar cuando te equivocas de salida o que puedas viajar con otras personas sin perder los nervios. Un saludo desde aquí a mi copiloto habitual. Yo también soy copiloto de ella y no es fácil para nadie.

Pero volvamos a la metáfora del empleo.

Para aprender eso hay que salir a la carretera.

Y tu primera carretera laboral quizá no es la que imaginas.

Puede ser en una tienda, un restaurante, un hotel, un almacén, un campamento de verano o una recepción.

Eso no significa necesariamente que sea la carretera equivocada. Significa que estas aprendiendo a conducir.

Muchas personas empiezan a buscar su primer empleo cuando terminan los estudios. Es lógico. Piensan: «Primero me preparo y después salgo al mercado».

Pero el aprendizaje profesional no siempre funciona en dos etapas tan separadas.

Durante los estudios ya puedes empezar a conocer el mundo laboral: un trabajo de verano, algunas horas durante el fin de semana, unas prácticas, un voluntariado o un proyecto real para alguien que necesite lo que tú sabes hacer.

No se trata de aceptar cualquier cosa ni de abandonar los estudios. Tampoco de trabajar gratis.

Se trata de acumular experiencias razonables, compatibles con tu formación y con unas condiciones dignas.

La OCDE revisó datos de distintos países a lo largo del tiempo y encontró que las experiencias laborales durante la adolescencia —como el trabajo a tiempo parcial y el voluntariado— aparecen asociadas con mejores perspectivas laborales en la edad adulta.

La palabra importante es «asociadas». No es una fórmula mágica ni significa que cualquier empleo produzca automáticamente un buen futuro. Pero sí apunta hacia una idea útil: acercarte pronto al mundo del trabajo puede ayudarte a comprenderlo y a desenvolverte después en él.

Y esto- las empresas-lo saben.

Imagina que estás estudiando diseño, ingeniería, psicología o comunicación, pero tu primer empleo es en una cafetería.

A primera vista, parece que ambas cosas no tienen relación. No estás diseñando, calculando estructuras, atendiendo pacientes ni preparando campañas.

Pero piensa en lo que ocurre durante un sábado con la terraza llena.

Tienes que recordar pedidos, distinguir lo urgente de lo importante, coordinarte con cocina, comunicarte con claridad, detectar un problema antes de que crezca y mantener una actitud correcta aunque esté cansado.

Todo sucede a la vez y delante de personas reales. Si te equivocas, hay consecuencias. Si lo haces bien, también.

Una terraza llena puede ser un máster acelerado en prioridades, comunicación, trabajo en equipo y gestión emocional.

Y no es solo una metáfora. Una revisión de tres décadas de investigaciones sobre empleabilidad encontró que la comunicación, el trabajo en equipo, la resolución de problemas, la adaptabilidad y la disposición para aprender están entre las competencias que los empleadores mencionan con mayor frecuencia.

Esas competencias no pertenecen a una sola profesión. Viajan contigo.

Cuando una empresa recibe el currículum de alguien que busca su primera oportunidad, tiene poca información para tomar una decisión.

Dos candidatos pueden tener la misma titulación, edades parecidas y conocimientos técnicos similares. ¿Cómo elige a quién entrevistar?

Busca señales.

Un estudio experimental pidió a 242 reclutadores de diferentes empresas que evaluaran perfiles ficticios de recién titulados. Los investigadores observaron que incluir un trabajo de estudiante en el currículum transmitía a los reclutadores señales de responsabilidad, madurez, motivación y una mejor actitud hacia el trabajo.

A ver, está claro que

Haber trabajado en hostelería no demuestra que ya seas un buen ingeniero, fisioterapeuta o diseñador. Pero puede demostrar que has cumplido horarios, tratado con clientes, colaborado con compañeros y respondido ante un responsable.

Un trabajo no relacionado no sustituye a la competencia técnica. Añade otra clase de evidencia: demuestra que has entrado en un entorno laboral real y has aprendido a funcionar dentro de él.

En España, para muchos jóvenes esa primera puerta está en el comercio, la hostelería, el turismo o los servicios personales.

Tampoco conviene romantizar estos empleos.

Pueden incluir horarios difíciles, temporalidad, cansancio físico, salarios modestos y situaciones injustas. Aprender no convierte la precariedad en algo aceptable. Un trabajo formativo también debe respetar la dignidad y los derechos de quien lo realiza.

Pero sería igualmente clasista pensar que en estos empleos no se aprende nada valioso para otro que requiere mayor cualificación técnica.

Quien ha preparado habitaciones en un hotel conoce el significado de un estándar y de un tiempo límite.

Quien ha trabajado en una tienda ha aprendido a observar, escuchar y explicar.

Quien ha atendido una mesa sabe que el cliente no siempre tiene razón, pero también sabe que perder los nervios no arregla el problema.

Son aprendizajes invisibles hasta que alguien sabe nombrarlos.

Imagina ahora el momento de recibir tu primera nómina.

Quizá la cantidad no sea extraordinaria. Pero la miras de otra manera porque ese dinero tiene una historia detrás: horas, esfuerzo, cansancio, errores corregidos y tareas que alguien necesitaba que hicieras.

No es solamente dinero. Es una prueba tangible de capacidad.

«He sido capaz de aportar algo que otra persona estaba dispuesta a pagar».

En psicología esto tiene un nombre. Albert Bandura, referente del aprendizaje social, lo llamó «experiencias de dominio».

Compruebas que eres capaz de realizar una tarea y eso fortalece tu autopercepción de eficacia.

No es exactamente decirte frente al espejo que puedes hacerlo.

Es haberlo hecho.

Después de superar un turno difícil, resolver una incidencia o aprender una tarea que al principio parecía imposible, ya no esperas ser capaz.

Tienes una experiencia que te demuestra que lo eres.

Por eso el primer empleo puede aportar algo más valioso que una nómina. Puede cambiar la conversación que mantienes contigo mismo.

Ahora viene otro paso. Aprender a contar esa experiencia.

En un currículum puedes escribir simplemente:

«Camarero durante tres meses».

Es verdad, pero dice muy poco.

También puedes explicar:

«Atención simultánea a clientes, coordinación con cocina, resolución de incidencias y trabajo bajo presión durante el periodo de mayor actividad».

No se trata de inflar el puesto ni de llenarlo de palabras grandilocuentes. Se trata de traducir una experiencia concreta al idioma de las competencias.

Hazte tres preguntas:

¿Qué responsabilidad asumí?

¿Qué problema aprendí a resolver?

¿Qué podía hacer al terminar que no sabía hacer al comenzar?

Si no lo cuentas tú, no lo lo va a contar nadie. No esperes que el empleador investigue. Pónselo fácil.

Hoy existe además una posibilidad que hace unos años era mucho más difícil: demostrar lo que sabes antes de que alguien te contrate.

Con iniciativa y herramientas accesibles puedes crear un pequeño portafolio, analizar un caso, documentar un proyecto, publicar una explicación útil, colaborar con una asociación o resolver un problema real para alguien de tu entorno.

No necesitas fingir que eres un experto. Puedes mostrar cómo piensas, cómo aprendes y cómo mejoras.

Un título dice: «He estudiado esto».

Un proyecto dice: «Esto es lo que soy capaz de hacer». Estoy viendo en linkedin muchos chicos de ciclos de grado superior de informática que ya recién titulados comienzan a buscar empleos. Veo dos tipos: Los que suben su cv; y los que exponen lo que saben hacer. Explican una app que han creado, como están utilizando la IA…

Y una experiencia laboral añade: «Así respondo cuando otras personas dependen de mí».

Las tres cosas juntas construyen un perfil mucho más convincente.

La investigación sobre adaptabilidad profesional relaciona recursos como la planificación, la exploración, la confianza y la capacidad de ajustarse a nuevas circunstancias con la empleabilidad, la satisfacción y otros resultados profesionales.

Adaptarte no significa renunciar a tu vocación, ni conformarte con cualquier empleo.

Significa saber utilizar el lugar en el que estás para acercarte al lugar al que quieres llegar.

Puede que tu primer trabajo no sea tu destino. Bueno, puede no, seguro.

Su función quizá sea darte ritmo, autonomía, contactos, historias que contar y evidencias de que sabes responder cuando te necesitan.

Tal vez tu primer empleo no aparecía en el mapa que habías imaginado. Esa carretera no estaba ahí. Pero te sirvió ir por ese desvío.

Esa carretera te enseñó a llegar a tiempo, escuchar, equivocarte, pedir ayuda, aguantar la presión y responder ante otras personas.

El título decía que habías estudiado.

Aquel primer empleo empezó a demostrar que sabías trabajar.

Y cuando buscas tu primera oportunidad profesional, esa diferencia puede ser ENORME.

Fuiste el mejor en lo tuyo en encontrar tu primer empleo.

¿Qué aprendiste en tu primer trabajo que todavía utilizas hoy? ¿Qué le dirías a alguien que está en ese punto?

Me gustará leerlo en comentarios. Gracias por escucharme y hasta la semana que viene.

REFERENCIAS Y NOTAS DEL EPISODIO

OCDE (2021). Experiencing the workplace: The importance and benefits for teenagers. OECD Education Policy Perspectives, 45.

Van Belle, E., Caers, R., Cuypers, L., De Couck, M., Neyt, B., Van Borm, H. y Baert, S. (2020). What do student jobs on graduate CVs signal to employers? Economics of Education Review, 75, 101979.

American Psychological Association. Self-efficacy: The theory at the heart of human agency. Síntesis de la teoría de Albert Bandura y de las experiencias de dominio.

Rudolph, C. W., Lavigne, K. N. y Zacher, H. (2017). Career adaptability: A meta-analysis of relationships with measures of adaptivity, adapting responses, and adaptation results. Journal of Vocational Behavior, 98, 17–34.

SEPE (2026). Informe sobre el mercado de trabajo de las personas jóvenes en 2025.

Global employability skills in the 21st century workplace: A semi-systematic literature review (2023). Heliyon, 9(11), e21023.